El
atractivo de Internet para los jóvenes es que se caracteriza por
la respuesta rápida, las recompensas inmediatas,
la interactividad y las múltiples ventanas con
diferentes actividades. El uso es positivo, siempre que no se
dejen de lado el resto de las actividades propias de una vida normal (estudiar,
hacer deporte, ir al cine, salir con los amigos o relacionarse
con la familia). Otra cosa es cuando el abuso de Internet
provoca aislamiento, induce ansiedad, afecta a la autoestima y
le hace perder al sujeto su capacidad de control. Las
motivaciones para tener cuenta en las redes sociales virtuales
(Twitter o Facebook) son múltiples: ser visibles ante los demás,
reafirmar la identidad ante el grupo, estar conectados a
los amigos. El anonimato produce terror, del mismo modo que
asusta la soledad. En las redes sociales se vuelcan las emociones,
con la protección que ofrece la pantalla y se comparte el tiempo
libre por medio de la localización de personas, del chat, del
envío de mensajes o del intercambio de fotos y vídeos. Hay personas
que pueden incluso creerse populares porque tienen listas de amigos
en las redes sociales.
Riesgos
de las redes sociales
Los
riesgos más importantes de las redes sociales son, además de la adicción, el
acceso a contenidos inapropiados, el ciberacoso o la vulneración de
la intimidad. Así, en las redes se puede acceder a contenidos pornográficos o
violentos, denigrar a personas, transmitir mensajes racistas,
fomentar la anorexia o incitar al suicidio. En personas
vulnerables existe el riesgo de crearse una identidad ficticia, potenciada por
un factor de engaño, autoengaño o fantasía. Así, por ejemplo,
hay personas que ligan bastante virtualmente porque se cortan menos
delante de una pantalla que en la vida real. Sin embargo, hay quien
no distingue entre lo íntimo, lo privado y lo público (que puede
favorecer el mal uso de información privada por parte de personas desconocidas) y
quien exhibe conductas histriónicas y narcisistas, cuando no
deformadoras de la realidad (por ejemplo, alardear del número de
amigos agregados). A su vez, los mensajes instantáneos de los
smartphones (especialmente los WhatsApp) pueden facilitar las conductas
controladoras porque se sabe si una persona está en línea y a qué
hora se ha conectado por última vez, lo que deja una
huella fácil de seguir. Asimismo existe el riesgo de
enganche (favorecido por la gratuidad) porque a menudo no se
desconecta por hábito (al mirar la hora, ya se sabe si se tienen mensajes
e incluso la entrada de los mensajes) o no se quiere desconectar (si
se utiliza, por ejemplo, como herramienta de trabajo).
Este
sistema de mensajería puede crear problemas en la comunicación, por ejemplo de
exclusión social (si no se le integra a una persona en un grupo), de
vulneración de la intimidad (por las posibilidades del copia y pega)
o incluso de malentendidos. Así, se puede llegar a discusiones e
incluso enfados por no entender el tono irónico o controlador de un
mensaje.
Adicción
a las redes sociales
Cualquier
inclinación desmedida hacia alguna actividad puede desembocar
en una adicción, sin que exista necesariamente una droga de por
medio. La adicción es una afición patológica que genera dependencia y
resta libertad al ser humano al estrechar su campo de
conciencia y restringir la amplitud de sus intereses. La
interferencia grave en la vida cotidiana de la persona, a
nivel familiar, escolar, social o de salud, es un requisito
necesario para definir a una conducta como adictiva. La adicción
puede estar presente en las redes sociales cuando se hace un
mal uso extremo de ellas. Así, se instaura una adicción
cuando la utilización de las redes sociales supone una
pérdida de control, una absorción a nivel mental y una alteración negativa
de la vida cotidiana de la persona afectada. En estos casos los
comportamientos se vuelven automáticos y
emocionalmente activados y los sujetos afectados tienen poco control cognitivo
sobre el acierto o error de la decisión. El adicto sopesa los
beneficios de la gratificación inmediata, pero no repara en las
posibles consecuencias negativas a largo plazo. Por ello, el
abuso de las redes sociales virtuales puede facilitar el aislamiento,
el bajo rendimiento, el desinterés por otros temas y los cambios de
conducta (por ejemplo, la irritabilidad), así como el sedentarismo e
incluso la obesidad.
La
dependencia de las redes sociales está ya instalada cuando se produce
un uso abusivo asociado a una pérdida de control,
aparecen síntomas de abstinencia (ansiedad, depresión,
irritabilidad) ante la pérdida temporal de conexión, se
establece la tolerancia (es decir, la necesidad creciente de
aumentar el tiempo de conexión a las redes sociales
para sentirse satisfecho) y de ahí derivan
consecuencias negativas para la vida cotidiana de la persona
afectada (salud, familia, escuela y relaciones sociales).
Factores
de riesgo para hacerse dependiente de las redes sociales
Hay
personas más vulnerables a las adicciones. Así, por ejemplo, las
redes sociales están disponibles para casi todas las personas en
las sociedades desarrolladas, pero sólo una pequeña parte de la
población presenta problemas de abuso. En concreto, los
adolescentes constituyen un grupo de riesgo porque tienden a buscar sensaciones
nuevas y son los que más se conectan a Internet, además de
estar más familiarizados con las nuevas tecnologías.
En
algunos casos hay ciertas características de personalidad o estados
emocionales que aumentan la vulnerabilidad psicológica a las
adicciones: la impulsividad; la disforia (estado anormal del ánimo
que se vivencia subjetivamente como desagradable y que
se caracteriza por oscilaciones frecuentes del humor); la intolerancia a
los estímulos displacenteros, tanto físicos (dolores, insomnio o
fatiga) como psíquicos (disgustos, preocupaciones o
responsabilidades); y la búsqueda exagerada de emociones fuertes.
Hay veces, sin embargo, en que en la adicción subyace un problema de personalidad: timidez
excesiva, baja autoestima o rechazo de la imagen corporal, por
ejemplo. A su vez, los problemas psiquiátricos previos (depresión, TDAH,
fobia social o baja autoestima) aumentan el riesgo de engancharse
a las redes sociales.
En
estos casos el abuso de Internet es como el humo que denota
la existencia de un fuego más o menos próximo (un problema de
personalidad o un trastorno mental). Otras veces se trata de personas
que muestran una insatisfacción personal con su vida o que carecen de
un afecto consistente y que intentan llenar esa carencia con un
mundo imaginario. La falta de cohesión familiar o la pobreza de
relaciones sociales pueden incitar a una persona a compensar
en el mundo virtual las carencias del mundo real. En estos casos
Internet o las redes sociales actúan como una prótesis tecnológica.
Señales
de alarma
Las
principales señales de alarma que denotan la conversión de una afición en
una adicción son las siguientes:
a) Privarse
de sueño (<5 horas) para estar conectado a la Red, a
la que se dedica unos tiempos de conexión anormalmente altos.
b) Descuidar
otras actividades importantes, como el contacto con la
familia, las relaciones sociales, el estudio o el cuidado de la
salud.
c) Recibir
quejas en relación con el uso de la Red de alguien cercano, como
padres o hermanos.
d) Pensar
en la Red constantemente, incluso cuando no se está conectado a
ella y sentirse irritado excesivamente cuando la conexión
falla o resulta muy lenta.
e) Intentar
limitar el tiempo de conexión, pero sin conseguirlo, y perder la
noción del tiempo.
f) Mentir
sobre el tiempo real que se está conectado.
g) Aislarse
socialmente, mostrarse irritable y bajar el rendimiento en
los estudios o en el trabajo.
h) Sentir
una euforia y activación anómalas cuando se está delante de la
pantalla (ordenador, tableta o
Smartphone).
De
este modo, conectarse a la Red siempre que sea posible, meterse en
Internet nada más levantarse y ser
lo último
que se hace antes de acostarse, así como reducir el tiempo de las
tareas cotidianas, tales como comer, dormir, estudiar o charlar con
la familia, configuran el perfil de un adicto a las redes sociales.
Más que el número concreto de horas conectado a la Red, lo
determinante es el grado de interferencia negativa en la vida cotidiana.
A modo
de conclusiones
Las
personas obtienen un nivel global de satisfacción en la vida que
deriva de fuentes diversas, tales como la familia, la pareja,
el trabajo, las relaciones sociales o las aficiones en las que
están implicadas. Cuando una persona no consigue diversificar sus
fuentes de satisfacción o se siente insatisfecha en algunas de ellas, puede
recurrir al mundo virtual en un intento de compensar en el mundo
virtual lo que no tiene en el mundo real. El abuso de las redes
sociales es un fenómeno preocupante en algunos casos, pero este
hecho puede denotar la existencia de otras alteraciones (personales o
familiares) que hay que saber detectar adecuadamente
para abordar el problema en conjunto.
Las
personas deben aprender a integrar las redes sociales virtuales con
las relaciones sociales reales. La riqueza de la
comunicación interpersonal requiere de un contacto cara a cara si no
se quiere construir relaciones sociales ficticias que antes o después
acaban por derrumbarse.
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